Por: José Gustavo Hernández Castaño (*)
Más que un ranking
Cada publicación de PISA produce el mismo ritual: titulares sobre ganadores y perdedores, países que “suben” o “bajan” y una discusión que termina reduciendo la educación a una tabla de posiciones. Es una lectura pobre. PISA —Programa para la Evaluación Internacional de los Estudiantes, de la OCDE— no pretende verificar cuánto memoriza un alumno del currículo nacional, sino qué puede hacer con lo aprendido: comprender información, razonar, interpretar evidencia y resolver problemas. Evalúa jóvenes de 15 años escolarizados, no un grado determinado; por ello observa, con todas sus limitaciones, el resultado acumulado de varios años de escolaridad.
Qué evalúa y cómo se leen sus puntajes
Sus tres dominios históricos son Lectura, Matemáticas y Ciencias. En 2025 Ciencias fue el dominio principal. Lectura examina comprensión, interpretación y evaluación de textos; Matemáticas, la capacidad de formular, emplear e interpretar razonamiento matemático; Ciencias, la posibilidad de explicar fenómenos, valorar investigaciones e interpretar críticamente datos y evidencia. Los puntajes PISA no son porcentajes de respuestas correctas ni notas sobre cien. Se expresan en escalas psicométricas y se complementan con niveles de desempeño. El Nivel 2 constituye un umbral básico de competencia; los niveles 5 y 6 corresponden a desempeños avanzados.
Colombia: diecinueve años bajo la misma lupa
Colombia ingresó a PISA en 2006 y participó en 2009, 2012, 2015, 2018, 2022 y 2025. Esta perspectiva cambia la lectura. Si comenzáramos en 2015 veríamos únicamente deterioro; al observar desde 2006 aparece una historia más compleja: el país mejoró durante su primera década, perdió dinamismo después y llega a 2025 con avances frente al punto de partida, pero todavía lejos de los sistemas de referencia.
| Año | Matemáticas | Lectura | Ciencias |
| 2006 | 370 | 385 | 388 |
| 2009 | 381 | 413 | 402 |
| 2012 | 376 | 403 | 399 |
| 2015 | 390 | 425 | 416 |
| 2018 | 391 | 412 | 413 |
| 2022 | 383 | 409 | 411 |
| 2025 | 381 | 399 | 414 |
Cuadro 1. Colombia en PISA, 2006–2025. Fuente: OCDE.
Gráfica 1. Evolución de Colombia en las tres áreas.
El dato decisivo: mejoramos, pero dejamos de avanzar
Entre 2006 y 2015 Colombia pasó de 370 a 390 puntos en Matemáticas, de 385 a 425 en Lectura y de 388 a 416 en Ciencias: ganancias de 20, 40 y 28 puntos. Después el impulso se agotó. En 2025 Matemáticas quedó en 381, Lectura en 399 y Ciencias en 414. Frente a 2006 todavía hay ganancias netas de 11, 14 y 26 puntos, respectivamente; frente a 2015, en cambio, Matemáticas pierde 9, Lectura 26 y Ciencias 2. La conclusión no puede ser que Colombia haya permanecido inmóvil durante veinte años. La evidencia dice algo más inquietante: el sistema demostró que podía mejorar y luego perdió capacidad para sostener ese avance. Lectura constituye la señal más preocupante; Ciencias, la trayectoria más estable.
2025: la distancia sigue siendo enorme
En PISA 2025 participaron más de 760.000 estudiantes de 91 países y economías. Colombia obtuvo 381 puntos en Matemáticas, 399 en Lectura y 414 en Ciencias. Los promedios OCDE fueron 463, 461 y 482. Las brechas colombianas son, por tanto, de 82 puntos en Matemáticas, 62 en Lectura y 68 en Ciencias. Conviene hablar de promedio OCDE, no de “promedio mundial”: los participantes en PISA no constituyen una muestra estadística de todos los países del planeta.
| Área | Colombia | OCDE | Brecha |
| Matemáticas | 381 | 463 | -82 |
| Lectura | 399 | 461 | -62 |
| Ciencias | 414 | 482 | -68 |
Cuadro 2. Colombia frente al promedio OCDE, PISA 2025.
Gráfica 2. Brechas de desempeño en 2025.
Más grave que el puesto: los aprendizajes mínimos
El ranking atrae la atención pública, pero pedagógicamente importa más la distribución de competencias. En 2025 solo 29 % de los estudiantes colombianos alcanzó al menos el Nivel 2 en Matemáticas, frente a 65 % en la OCDE; en Lectura lo logró 46 %, frente a 69 %, y en Ciencias 50 %, frente a 74 %. Dicho sin eufemismos: alrededor de siete de cada diez jóvenes colombianos evaluados no demostraron el umbral básico de competencia matemática. Discutir si Colombia ocupa unos puestos más arriba o abajo resulta secundario frente a semejante evidencia.
La desigualdad también presenta la prueba
PISA tampoco mide estudiantes socialmente idénticos. Cada joven llega al aula con condiciones familiares, culturales y económicas diferentes. En Colombia, el nivel socioeconómico explicó en 2025 alrededor del 17 % de la variación del desempeño en Ciencias, frente a 12 % en la OCDE. La escuela recibe desigualdad; su desafío democrático consiste en no limitarse a reproducirla. Por eso el análisis serio no debe preguntar únicamente cuánto puntúa Colombia, sino cuánto logra compensar el peso del origen social sobre los aprendizajes.
La paradoja de la inclusión
Existe otra cautela indispensable. Entre 2018 y 2025 aumentó en Colombia la proporción de jóvenes de 15 años representada por PISA. Incorporar y retener en la secundaria a estudiantes que antes quedaban fuera puede presionar el promedio hacia abajo. Una caída del puntaje no equivale automáticamente a un deterioro idéntico de la escuela. Pero la inclusión tampoco puede convertirse en coartada: el derecho a la educación no termina al conseguir una matrícula; exige permanencia y aprendizaje.
El verdadero problema colombiano
La serie 2006–2025 permite formular una tesis menos complaciente y, al mismo tiempo, más justa. Colombia no lleva veinte años inmóvil: avanzó de manera apreciable hasta mediados de la década pasada. El problema es que ese progreso perdió fuerza y, especialmente en Lectura y Matemáticas, comenzó a retroceder. Mientras tanto, las distancias frente a la OCDE siguen siendo enormes y las brechas sociales continúan condicionando los resultados.
El desafío central puede denominarse capacidad de conversión educativa: transformar años de escolarización, inversión, maestros, infraestructura, tecnología y políticas públicas en aprendizajes efectivos y distribuirlos con mayor igualdad. Más cobertura es indispensable, pero no suficiente; más computadores no garantizan pensamiento; más decretos no producen mejores lectores.
PISA no agota el concepto de calidad educativa y sería absurdo convertirlo en juez único de la escuela. Pero tampoco conviene romper el espejo porque no nos gusta el rostro que devuelve. Después de diecinueve años, la pregunta decisiva no es qué puesto ocupa Colombia, sino por qué un sistema que ya demostró capacidad para mejorar dejó de sostenerla y cómo puede conseguir que estar en la escuela vuelva a significar, para todos, aprender más y mejor.
Fuentes: OCDE, PISA 2006–2025; PISA 2025 Results, Volume I; Country Note: Colombia, PISA 2025.
(*) Magister en Ciencias Políticas
- Asesor en direccionamiento estratégico de campañas
- Investigador en historia política y comportamiento electoral





