“El circo tradicional vive”: Conversación con Sandra Mónica Pérez Bedoya, directora de TATA CIRCO
Por: Amparo Gómez Castellanos

El circo es una de las expresiones culturales más antiguas que mantiene viva la magia de la risa, la acrobacia y el encuentro comunitario. En el Quindío, esa tradición viaja con apellido propio: Pérez Delgado, una familia que por generaciones ha entregado su vida al arte circense.
Hoy, en esta entrevista, conocemos la historia, los desafíos y el sueño social de TATA CIRCO, bajo la dirección de Sandra Mónica Pérez Bedoya, cuarta generación de circo tradicional en Colombia.
Amparo Gómez (A.G.): Sandra, ¿quién es usted dentro de la historia del circo tradicional en Colombia?
Sandra Mónica Pérez (S.M.P.):
Soy cuarta generación de una familia circense. Nací y crecí entre carpas, luces, telones y el sonido de los aplausos. Soy gestora cultural y la primera consejera del área de Circo en el departamento del Quindío. Mi trayectoria viene de la familia Delgado Pérez, reconocida por el tradicional Circo Royal Dumbar.
Hoy tengo la responsabilidad y el orgullo de dirigir TATA CIRCO, un proyecto que honra nuestro legado y lo proyecta hacia el futuro.
A.G.: El circo en Colombia cambió mucho desde la prohibición de animales. ¿Cómo vivieron ese proceso?, consideras que el uso de animales en algún momento de la historia causó daño a la fauna?
S.M.P.:
Fue un cambio drástico. En nuestra carpa convivían leones, caballitos ponys, llamas y perros amaestrados. Ese era el corazón del espectáculo tradicional. Cuando la norma entró en vigencia, tuvimos que reinventarnos por completo. Nos enfocamos en el circo humano: acróbatas, payasos, actos de altura, números de alfombra y nuevas atracciones inspiradas en personajes queridos por el público.
No fue fácil, pero hoy puedo decir que seguimos vivos gracias a nuestra creatividad y resiliencia. En muchos circos hubo muy malos manejos durante mucho tiempo respecto a los animales, cuidar de ellos debo reconocer no es fácil, sin embargo, uno de los pilares fundamentales para nuestra familia circense, fue el amor, cuidados y atención a tiempo de las mascotas que teníamos y eso nos hacía marcar la diferencia con otros circos.
A.G.: ¿Cuáles son hoy las principales atracciones de TATA CIRCO?
S.M.P.:
Tenemos un elenco maravilloso: acrobacias, actos aéreos, payasos, personajes modernos de la televisión, el Auto Transformer y el impresionante Globo de la Muerte con motociclistas.
El público disfruta un espectáculo completo, con la misma calidad que tendría en una carpa grande, pero pensado para compartirlo más cerca de las comunidades.
A.G.: Cuéntenos sobre el proyecto “Circo al Barrio”. ¿Cómo nace y qué busca?
S.M.P.:
Nace de una realidad que vemos todos los días: muchas familias no pueden pagar taquillas costosas ni transporte para desplazarse a una función.
Entonces decidimos llevar el circo hasta sus barrios, con horarios familiares, entradas económicas y productos dentro de la carpa que no superan los 5.000 pesos.
“Circo al Barrio” es un proyecto con sentido social, un regalo cultural para los niños, los adultos y los abuelos que quizá nunca han visto un espectáculo así de cerca.
Llevamos la magia donde más se necesita.
A.G.: ¿Cuáles han sido los principales obstáculos para sostener el circo?
S.M.P.:
La tramitología. En Armenia los permisos tardan muchísimo y nos exigen planes de contingencia propios de un concierto internacional, algo imposible de cubrir con nuestra taquilla comunitaria.
Aunque nuestros eventos son de bajo riesgo y con aforos menores a 100 personas, nos piden ambulancia en sitio y cuatro voluntarios. Y aun cuando cumplimos, no siempre permiten el ingreso de los recursos cuando se requieren.
No contamos con apoyo de la alcaldía, ni logístico ni institucional.
Afortunadamente, el Fondo Mixto de las Artes y la Cultura del Quindío nos ha tendido la mano permitiéndonos usar parte de su predio en el barrio La Grecia. Gracias a ellos podemos mantener viva la carpa.
A.G.: Usted también trabaja en la patrimonialización de las carpas tradicionales. ¿Por qué es importante?
S.M.P.:
Porque somos parte de la historia cultural de Colombia. Las familias de circo tradicional merecen ser reconocidas, dignificadas y protegidas para que nuestra tradición no desaparezca.
La carpa es un escenario vivo donde se puede enseñar danza, teatro, música, literatura… y para los niños es una experiencia mágica.
Queremos que nuestras carpas sean utilizadas, visibilizadas y valoradas como espacios culturales del departamento del Quindío.

A.G.: ¿Dónde puede encontrar el público a TATA CIRCO?
S.M.P.:
Nos encantaría dar direcciones precisas, pero dependemos de permisos que a veces tardan semanas, aunque cumplamos todos los requisitos. Por eso los anuncios los hacemos función por función, según la aprobación.
Lo importante es que seguiremos adelante, porque nuestro proyecto “Circo al Barrio” no se detiene.
Nuestro compromiso es llevar alegría y tradición a los hogares del Quindío.
A.G.: ¿Un mensaje final para quienes aman el circo o quieren conocerlo?
S.M.P.:
Que no nos olviden. Que visiten nuestras carpas, que apoyen el circo colombiano, que valoren esta tradición que ha formado generaciones.
El circo no es solo espectáculo: es familia, es cultura, es identidad.
Mientras haya un niño que sonría al ver un payaso y una comunidad dispuesta a reunirse bajo la carpa…
¡El circo tradicional vivirá






