domingo, agosto 16, 2026

Noticias de Colombia y el Mundo

Editorial 163: CAMARA QUINDÍO 2026: ENTRE LA UNIDAD POSIBLE Y LA DERROTA ANUNCIADA

Más Leídos

“La fuerza de los poderosos no está en ellos mismos, sino en la incapacidad de los otros para unirse.”

Spinoza

Por: José Gustavo Hernández Castaño (*)

  • El espejo del 2026: quienes entienden la política… y quienes repiten sus errores

Hablar del futuro electoral siempre implica una dosis de incertidumbre. No se trata de adivinar números ni de anticipar resultados cerrados, sino de leer tendencias, observar comportamientos persistentes y reconocer los movimientos silenciosos del poder. Y en el Quindío, donde las maquinarias siguen marcando el pulso político, esas señales importan más que nunca. A dos días del cierre de inscripciones para la Cámara de Representantes, el panorama revela un reacomodo profundo que podría redefinir la representación del departamento durante los próximos cuatro años.

Cinco listas están inscritas y aún pueden ajustarse. Ese detalle administrativo importa poco frente al hecho mayor: desde 2022 no se veía un mapa tan fracturado en unos sectores y tan consolidado en otros. Las fuerzas tradicionales entran fortalecidas, las coaliciones híbridas buscan espacio, el liberalismo enfrenta su hora más oscura y el campo alternativo —que pudo llegar unido— aparece ahora reducido y dividido. No es posible hablar de cifras exactas, pero sí de tendencias sólidas: fuerzas en ascenso, fuerzas en retroceso y fuerzas que parecen dispuestas a repetirse a sí mismas.

El punto de partida es claro: el umbral, proyectado para 2026 en torno a 35.000 votos válidos. Un límite que no admite improvisación. En un departamento donde la abstención crece, el voto de opinión es volátil y la participación no despega, solo llegarán realmente a la competencia quienes tengan estructura, organización o capacidad real de convergencia. Lo demás será ruido.

Y aquí aparece una advertencia que no puede ignorarse: la abstención del 2022 fue una de las más altas en una década, mientras los votos en blanco crecieron como señal de inconformidad. El mensaje es simple: la ciudadanía crítica está desencantada. Cuando esa ciudadanía se retrae, las maquinarias avanzan. Esa es la lógica del Quindío electoral.

En este escenario, el Partido Liberal llega al 2026 en su punto más bajo en décadas. Su doble triunfo de 2022 no fue producto de su estructura interna, sino del apoyo coyuntural de la Gobernación, la Alcaldía de Armenia y varias entidades públicas. Ninguno de esos soportes existe ya. La representante más votada migró a Cambio Radical, llevándose buena parte de la estructura. La segunda perdió los respaldos institucionales. Y los nuevos nombres, poco reconocidos, no logran compensar el desplome. El liberalismo, antaño maquinaria dominante, entra ahora como actor minoritario y sin posibilidades reales de competir por una curul.

Cambio Radical, en contraste, llega fortalecido como nunca. En 2022 logró una curul con 33.000 votos sin tener el control completo del departamento. Hoy, tiene la Alcaldía de Armenia, nueve alcaldías adicionales, operadores en expansión y dos figuras de alto peso electoral: la exrepresentante liberal más votada y la excandidata a la gobernación que alcanzó cerca de 20.000 votos. Esa mezcla —maquinaria sólida más voto de opinión significativo— convierte a Cambio Radical en la fuerza más competitiva del Quindío. Es el actor que crece, que suma, que integra y que se prepara para disputar incluso más de lo que ya posee.

El bloque de la Gobernación —Conservadores y Centro Democrático— avanza con una lógica distinta, pero igual de efectiva: disciplina, organización y control institucional del aparato departamental. No tiene la amplitud municipal de Cambio Radical, pero sí un voto duro y un orden interno que asegura movilización. Es, claramente, la segunda maquinaria del departamento, y entra con opciones reales de disputar una curul en 2026.

En medio de esas dos fuerzas, la coalición Nuevo Liberalismo + MIRA + Dignidad y Compromiso emerge como un actor de opinión con organización, disciplina y coherencia. No depende de burocracias ni de alcaldías, lo que la hace menos vulnerable a los reacomodos institucionales. Su votación estable —entre sectores juveniles, urbanos, religiosos y cívicos— la convierte en un competidor serio solo si el progresismo continúa dividido. En un escenario de unidad alternativa habría quedado relegada; en el escenario actual, puede convertirse en actor decisivo.

Pero el punto más crítico del panorama electoral está en el campo alternativo. Lo que pudo haber sido un Frente Amplio realmente amplio —una convergencia de verdes, diversidad de partidos y movimientos alternativos, movimientos sociales, ambientalistas, sindicatos, juventudes, independientes y sectores del liberalismo progresista— se evaporó. No hubo Frente Amplio. Lo que existe hoy, formalmente inscrito, es una lista cerrada compuesta exclusivamente por dos partidos del Pacto Histórico: Colombia Humana y Polo Democrático (con pugnacidad y desconfianza interna). Nada más.

Quedaron por fuera la Unión Patriótica, los sectores progresistas del liberalismo, los verdes, la mayoría de los alternativos, los independientes, los ambientalistas, los sindicatos, los liderazgos sociales y comunitarios que habían acompañado procesos anteriores. Lo que se presentó no fue una apuesta amplia, sino una lista mínima. Una lista que no expresa a la totalidad del campo alternativo, sino únicamente a una fracción reducida.

Ese encierro no es un simple error táctico: es una renuncia estratégica. Renuncia a sumar, renuncia a incluir, renuncia a construir mayoría. En un departamento donde solo la unidad permite competir con las maquinarias, el Pacto Histórico optó por la exclusión. Y la exclusión, en política, siempre se paga.

El resultado es evidente: el mapa electoral del Quindío entra a 2026 con dos maquinarias robustas (Cambio Radical y el bloque Gobernación–CD–Conservadores), una coalición híbrida competitiva (NL + MIRA + DyC), un Partido Liberal en caída y un “Frente Amplio” que no lo es, porque quedó restringido a dos partidos y perdió la oportunidad histórica de representar a las diversas sensibilidades progresistas.

Así, la competencia real se configura con claridad:

  • Cambio Radical lidera.
  • El bloque de la Gobernación disputa.
  • La coalición NL + MIRA + DyC puede entrar si el progresismo no crece.
  • El liberalismo se desdibuja.
  • El Pacto Histórico, reducido y cerrado, no compite, se mantiene en la marginalidad.

El 2026 aún no está escrito. Pero una realidad se impone:

En un departamento gobernado por maquinarias, la única fuerza capaz de contrapesar ese poder era la unidad alternativa. Y esa unidad no ocurrió.

Como la historia enseña, las oportunidades desperdiciadas no siempre regresan. Y en el Quindío político, la división vuelve a mostrarse como la mejor aliada del poder que dice querer transformar.

(*) Magister en Ciencias Políticas

  • Asesor en direccionamiento estratégico de campañas
  • Investigador en historia política y comportamiento electoral.

E-mail: gerencia@bambucomunicaciones.com

gustavo.hernandez@bambucomunicaciones.com

- Publicidad -spot_imgspot_imgspot_imgspot_img
- Publicidad -spot_img

Más Articulos

DEJA UNA RESPUESTA

Por favor ingrese su comentario!
Por favor ingrese su nombre aquí

- Espacio Publicitario -

Agencia digital especializada en el diseño y desarrollo de páginas web a la medida.spot_img

Últimos articulos