La sociedad colombiana contemporánea se debate entre la polarización, el egoísmo y la violencia, un caos social que se nutre, en gran medida, de un ecosistema comunicacional desequilibrado. La concentración mediática, donde solo unos pocos grupos empresariales controlan la mayor parte de la audiencia, exacerba la división al constituirse en un «poder ideológico hegemónico» que tiende a reforzar estereotipos y narrativas de confrontación.
Amparo Gómez Castellanos
Frente a esta realidad, el Derecho a la Comunicación y la Comunicación Alternativa y Comunitaria (CAC) se erigen como pilares indispensables para la reconstrucción democrática. Para los comunicadores que operan en este sector, su rol trasciende la mera difusión de noticias; es una misión con derechos y deberes profundamente arraigados en la ética y el servicio social.
Los Derechos: Pluralismo y Autonomía
El comunicador en la sociedad actual tiene el derecho fundamental a informar y recibir información veraz e imparcial, y a fundar medios masivos de comunicación (Artículo 20 de la Constitución Política). Para el sector comunitario y alternativo, esto implica la lucha constante por la pluralidad informativa y contra la censura indirecta.
Un derecho clave es la autonomía e independencia profesional (Art. 73 CP). Los medios comunitarios son, por definición, una expresión independiente de los intereses comerciales y se conciben para confrontar el pensamiento único. Este derecho se extiende a exigir que el Estado no utilice la asignación de publicidad oficial como mecanismo para «presionar y castigar o premiar y privilegiar a los comunicadores sociales» en función de sus líneas informativas, pues esto constituye una forma de censura indirecta. Asimismo, tienen derecho a que se promueva su sostenibilidad y el acceso equitativo a recursos logísticos y financieros sin límites geográficos arbitrarios basados en la residencia del director, sino en su probada incidencia y cobertura periodística en la comunidad.
Los Deberes: Veracidad, Diálogo y Paz
La libertad de expresión conlleva una responsabilidad social, un principio fundamental que obliga a los comunicadores a ejercer su labor para el bien de la colectividad y el interés general. Ante el caos y la desconfianza, los comunicadores de la CAC asumen deberes éticos esenciales:
- Veracidad y Rigor: La información emitida debe ser veraz e imparcial. Esto requiere fundamentar y contrastar la información Como señalaba Gabriel García Márquez, la ética no es una condición ocasional, sino que debe acompañar siempre al periodismo como el zumbido al moscardón.
- Promoción del Diálogo y la Participación: La comunicación comunitaria debe ser un proceso social y cultural horizontal que fortalezca el tejido social. La radio, por ejemplo, debe ser un espacio de diálogo y encuentro donde las comunidades sean protagonistas de su propio desarrollo. Este diálogo exige «humildad» y una escucha activa de las necesidades
- Lucha contra la Violencia y la Corrupción: Los medios de la CAC tienen la función de contribuir al desarrollo y promoción de una cultura de paz con justicia social y reconciliación, incorporando valores no discriminatorios. Además, tienen el deber de informar sobre la contratación y la gestión pública, facilitando el ejercicio del control social y la veeduría ciudadana para combatir la corrupción.
- Inclusión y Representatividad: Tienen el deber de visibilizar a las comunidades marginadas y a grupos poblacionales específicos (étnicos, mujeres, LGBTIQ+, personas con discapacidad), garantizando que sus voces sean escuchadas y consideradas en los procesos de desarrollo y transformación
En síntesis, en medio de la polarización, el comunicador de la CAC es un artesano de la democracia, cuyo trabajo, centrado en la veracidad y la participación, busca transformar la realidad social, permitiendo que la ciudadanía informada y articulada encuentre soluciones pacíficas a sus conflictos.
AGC. Bambú estéreo online.





