jueves, octubre 1, 2026

Opinión de Colombia y el Mundo

Editorial 160: UNIDAD o Derrota. Juntos Somos Más: FRENTE AMPLIO, una Convergencia para Vencer

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“Divididos somos un número. Unidos somos una fuerza.”
Inspirado en Antonio Gramsci

Por: José Gustavo Hernández Castaño (*)

Hay momentos en la vida política de un territorio que no se repiten; instantes en los que la historia abre una puerta estrecha, luminosa, y exige que alguien tenga la madurez de cruzarla. El pasado jueves 13 de noviembre fue uno de esos momentos. El segundo encuentro por la unidad convocado por UNITARIOS Quindío no fue una reunión más: fue, quizá, la señal más clara de que el Quindío está frente a la oportunidad de construir, por primera vez en muchos años, un verdadero Frente Amplio, amplio en visión, amplio en inclusión, amplio en dignidad. Y también fue un recordatorio de que, cuando las fuerzas alternativas se unen, avanzan; cuando se fragmentan, se hunden.

En ese encuentro se reunió la más diversa amalgama de organizaciones alternativas del departamento. Allí estuvieron los partidos del Pacto Histórico —el POLO y Colombia Humana— junto a las organizaciones de la coalición UNITARIOS: Partido del Trabajo de Colombia (PTC), Comunes, Esperanza Democrática y el emblemático movimiento M-19. También participaron la Alianza Verde, MAIS, ADA, el Frente Unido del Quindío, el Centro de Comunicaciones del Quindío, Quindianos con Petro, Progresismo Liberal de Luis Fernando Velasco, Agenda Progresista y “Fuerza”, el movimiento político liderado nacionalmente por Roy Barreras y representado en el Quindío por Roberto Carlos Astorquiza.

Fue un acto de diversidad política pocas veces visto en el departamento. Una sala repleta de voces diferentes, pero orientadas hacia una sola idea: la unidad en clave de Frente Amplio. Y, en un gesto de madurez política que vale la pena subrayar, dos líderes que hasta hace poco eran vistos como antagonistas —Carlos Ernesto Rozo y Miguel Grisales— se unieron en una sola afirmación: “Unidad o derrota”. Lo mismo hicieron liderazgos de distintas corrientes como Sandra Rincón, Arlex Ramírez y Álvaro Pedraza (Alianza Verde); José Antonio Jiménez (Progresismo Liberal de Velasco); Cristian Camilo Vásquez (Movimiento En Marcha, de Juan Fernando Cristo); representantes del Frente Unido como Sony Areiza; líderes del progresismo Petrista como Alfredo Bernal; y voceros del movimiento político de Roy barreras: “Fuerza”. Solo faltaron algunas expresiones políticas que, muy seguramente, coincidirán en la misma dirección: el Partido Comunista de Jaime Caicedo, la Unión Patriótica de Aida Avella, Todos Somos Colombia de Clara López, Soy Porque Somos de la vicepresidenta Francia Márquez, y el liberalismo progresista encabezado en el Quindío por Luciano Grisales.

La reunión dejó una conclusión unánime: el Quindío debe construir un Frente Amplio y presentar una sola lista para Cámara de Representantes en 2026. Fue votado por unanimidad. Fue dicho sin matices. Fue comprendido por todos: si no hay Frente Amplio, no habrá victoria.

Y la unanimidad no surgió del romanticismo, sino de la evidencia. La historia electoral de los últimos veinte años en el Quindío es un testigo implacable: el voto alternativo crece solo cuando actúa unido.

En Asamblea Departamental, la votación por partidos alternativos pasó de 2.733 votos en 2000 a 9.279 en 2011, aumentando significativamente. Y dio el salto monumental en 2019 año de mayor unificación en la coalición Quindío Diferente: 17.560 votos, para un total alternativo de 24.255 votos. En 2023 se mantuvo la curul por el Pacto Histórico: 12.819 votos, pudiendo haber sido mayor, pues los alternativos sumaron un total de 29.444 votos.

Lo mismo ocurrió en Cámara de Representantes: 6.409 votos en 2014, 10.933 en 2018, y un resultado histórico de 45.825 votos alternativos en 2022. Así: Pacto Histórico (28.245 votos) Alianza Verde (10.831 votos) y coalición Centro esperanza (6.749). No fue un milagro. Fue una clara expresión de votos alternativos que pueden ser encausados en un Frente Amplio en 2026.

 

El mensaje es transparente: cuando se construye una sola ruta, el pueblo responde con fuerza; cuando se dividen, el pueblo se dispersa.

A esta evidencia se suma otra, aún más contundente: el crecimiento del voto en blanco, nulo y no marcado, esos tres silencios electorales que se han convertido en la otra cara de la fragmentación alternativa. En 2015, el blanco marcó 31.373 votos (11,44%); en 2019, se disparó a 61.237 (24,14%); y en 2023 se mantuvo altísimo con 43.644 (16,15%). El mensaje es dolorosamente claro: cuando las fuerzas alternativas no ofrecen una propuesta unificada, el electorado alternativo no migra a la derecha: se retira.

Los votos nulos —14.279 en 2015, 14.608 en 2019, 13.211 en 2023— tampoco son errores técnicos: son síntomas de campañas dispersas, sin pedagogía ni narrativa compartida. Y los votos no marcados —24.185 en 2015, 29.966 en 2019, 28.746 en 2023— son la expresión pura del desencanto: ciudadanos que tuvieron el tarjetón enfrente… y no encontraron a quién marcar.

Sin Frente Amplio, el voto alternativo no solo se divide: se desanima, se disuelve, se resigna.

Por eso la reunión del 13 de noviembre no fue un evento simbólico: fue un mandato histórico. A veinte días del cierre de inscripciones, el tiempo es apremiante y exige tres decisiones inmediatas:

  1. Escoger los tres candidatos que representarán al Frente Amplio del Quindío.
    Tres nombres, sí. Pero tres nombres que representen colectivamente a todas las fuerzas —no solo a una tendencia, no solo a una figura— y que proyecten un horizonte sólido hacia las elecciones territoriales de 2027.
  2. Redactar y suscribir un Acuerdo de Coalición del Frente Amplio del Quindío.
    Un acuerdo programático real, que vaya más allá de la urgencia electoral y siente las bases de un proyecto de mediano y largo plazo.
  3. Gestionar, simultáneamente, los avales para los tres candidatos.
    Sin improvisaciones, sin esperar el último día, sin incertidumbres que debiliten la narrativa de unidad.

Un momento esperanzador:

El Quindío está entrando en un tiempo decisivo. Es un umbral donde las viejas formas de la política ya no bastan y donde las nuevas formas apenas empiezan a nacer. Este departamento ha sido moldeado durante años por la idea de que la maquinaria siempre gana y que la alternativa siempre pierde. Pero nunca ha sido cierto del todo: lo que ha faltado no es fuerza, ha sido unión.

Hoy existe una posibilidad real de construir un Frente Amplio digno, sólido, ciudadano. Un proyecto capaz de enfrentar al clientelismo, a la corrupción, a la impunidad, y a las estructuras que han capturado el poder por décadas. Un proyecto que recoja a las mujeres, jóvenes, trabajadores, campesinos, liderazgos sociales y ciudadanos que esperan algo diferente.

La transformación no será obra de un solo partido ni de un solo liderazgo. Será el resultado de una decisión colectiva de caminar juntos. Este es el momento de la grandeza, el momento de la renuncia voluntaria al ego, el momento de entender que la alternativa solo será alternativa si es unificada.

El Frente Amplio del Quindío no debe ser solo un acuerdo electoral. Debe ser una promesa colectiva: la promesa de que este territorio merece más, puede más y será más.
Cuando un pueblo decide caminar unido, no hay poder que lo detenga.

Frente Amplio o derrota.
Así de simple.
Así de urgente.
Así de inaplazable.

(*) Magister en Ciencias Políticas

  • Asesor en direccionamiento estratégico de campañas
  • Investigador en historia política y comportamiento electoral.

E-mail: gerencia@bambucomunicaciones.com

gustavo.hernandez@bambucomunicaciones.com

 

 

 

 

 

 

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