sábado, octubre 3, 2026

Opinión de Colombia y el Mundo

Editorial 157: SENADO: el dilema democrático de la lista cerrada

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Por José Gustavo Hernández Castaño (*)

El debate sobre las listas cerradas frente a las listas abiertas o con voto preferente ocupa un lugar central en la teoría política contemporánea, especialmente en los sistemas de representación proporcional. En el caso colombiano, la decisión del Pacto Histórico de adoptar una lista cerrada, paritaria y en cremallera, pero definida mediante consulta abierta, reabre la discusión sobre la tensión entre democracia interna y control cupular en los partidos políticos. Dos variables condensan este dilema: el riesgo del bolígrafo de la dirigencia nacional y la paradoja del voto preferente en tiempo frío.

  1. La variable del “bolígrafo”: liderazgo o autoritarismo

Desde la teoría clásica de los partidos, Maurice Duverger (1957) y Giovanni Sartori (1980) señalaron que toda organización política enfrenta una tensión entre centralización y participación. Las estructuras cerradas tienden a reforzar la disciplina y la unidad, pero pueden derivar en oligarquías internas, en las que las decisiones se concentran en una minoría dirigente. En contraste, las estructuras abiertas amplían la participación, pero corren el riesgo de diluir la coherencia programática.

En el contexto colombiano, la lista cerrada puede ser una herramienta de fortalecimiento institucional si está acompañada de democracia interna real. Sin embargo, cuando las decisiones se concentran en la figura del representante legal o en un pequeño comité político, el mecanismo se convierte en un instrumento autoritario. El bolígrafo —símbolo del poder cupular que define quién entra o sale de la lista— puede representar tanto la disciplina orgánica como la cooptación excluyente.

El Pacto Histórico, que se originó como un movimiento ciudadano y plural, enfrenta el riesgo de reproducir, en clave progresista, las mismas prácticas de los partidos tradicionales si el procedimiento de selección se cierra en torno a la cúpula. Como advierte Sartori (1980), la democracia de los partidos solo es auténtica si los partidos mismos son democráticos en su funcionamiento interno. En consecuencia, el bolígrafo se convierte en una variable crítica: su uso puede reflejar liderazgo institucional y coherencia, o, por el contrario, autoritarismo disfrazado de unidad. Cuando el control sustituye la deliberación, la lista cerrada se vuelve un espejo del pasado más que una innovación del futuro.

  1. La paradoja: lista cerrada por consulta abierta

El segundo componente del modelo del Pacto Histórico —una lista cerrada elaborada mediante consulta abierta— introduce un experimento político singular. En teoría, la consulta permite que la ciudadanía determine el orden de la lista, democratizando la decisión. Sin embargo, en la práctica, este procedimiento puede trasladar a la fase previa los mismos incentivos individualistas del voto preferente.

Los candidatos compiten por votos antes de las elecciones, generando una suerte de voto preferente anticipado con las mismas dinámicas de gasto, clientelismo y alianzas territoriales que el modelo abierto pretendía corregir. Según los estudios de Catalina Wills-Otero (2019) y Juan David Restrepo (2020), el voto preferente en Colombia ha promovido la personalización de la política, incrementando los costos de campaña y debilitando la cohesión partidaria. La consulta abierta puede reproducir esa lógica, transformando la competencia interna en una disputa temprana por visibilidad y recursos, lo que equivale a un voto preferente en tiempo frío.

A diferencia de la elección general, las consultas suelen tener menor vigilancia institucional y menor trazabilidad financiera, lo que abre espacios para la influencia de poderes locales. Si el resultado de la consulta no se refleja fielmente en el orden final de la lista, el efecto puede ser devastador: pérdida de credibilidad, desconfianza en el liderazgo y desmovilización de las bases. Como advierte Flavia Freidenberg (2021), la democracia participativa mal diseñada puede convertirse en una “democracia delegativa”, donde se consulta para legitimar decisiones ya tomadas.

  1. Los resultados de la consulta: cifras y significado político

El análisis cuantitativo de la consulta del 26 de octubre permite dimensionar las debilidades estructurales del proceso. De los 145 candidatos participantes, solo tres superaron los 100.000 votos (2,07%), y dos se ubicaron entre 75.000 y 100.000 (1,38%). Entre 20.000 y 75.000 votos se situaron veintidós aspirantes (15,17%); entre 10.000 y 20.000 votos estuvieron 25 candidatos (17,24%); mientras que noventa y tres, equivalentes al 64,14% del total, no alcanzaron los 10.000 votos. Este último dato es revelador: más de seis de cada diez candidatos carecen de base electoral significativa o de presencia nacional o regional sólida.

Desde la perspectiva del comportamiento político, este resultado muestra un déficit de capital político efectivo, en el sentido de Bourdieu (1991), donde el liderazgo no se traduce en capacidad de movilización. La consulta, que debía legitimar el orden de la lista, terminó evidenciando una fractura entre liderazgo social y representación electoral. Muchos nombres parecen haber sido incluidos no por mérito o trayectoria, sino por negociación interna o visibilidad simbólica, lo que reduce el sentido estratégico de la lista y debilita su potencial representativo.

En este contexto, incorporar a decenas de aspirantes con menos de 10.000 votos —es decir, con menos del 0,36% de la votación total— constituye un error de diseño político y un despropósito organizativo. La lista resultante refleja más la lógica de las cuotas internas que la fuerza real de las bases sociales y regionales del movimiento. Desde un enfoque académico, esto demuestra que la representación simbólica sin respaldo electoral erosiona la legitimidad de la lista cerrada y la convierte en un dispositivo de inclusión formal, pero de baja eficacia política.

  1. Reformulación y estrategia viable

Ante este escenario, es necesario proponer una reformulación estratégica del modelo de lista, dentro de los límites que impone la ley electoral. En Colombia, las listas cerradas y abiertas son excluyentes entre sí, por lo que no puede existir una “lista cerrada de voto preferente”. Sin embargo, es jurídicamente posible adoptar una lista abierta de voto preferente que combine unidad política con competencia democrática interna.

Una estrategia viable sería conformar dicha lista con los 52 candidatos que superaron los 10.000 votos en la consulta, complementada con nuevos liderazgos sociales, nacionales, regionales y comunitarios de comprobada legitimidad, trayectoria ética y capacidad movilizadora. Este modelo mantendría el vínculo entre el elector y su representante, sin renunciar al objetivo de fortalecer la identidad programática del movimiento. Además, permitiría corregir la actual dispersión interna y reconstruir la legitimidad del proceso frente a la ciudadanía.

Al incorporar figuras regionales y sociales con respaldo ciudadano, el Pacto Histórico podría convertir su lista en un instrumento de equilibrio entre pluralismo y eficacia electoral, fortaleciendo la cohesión sin sacrificar la representatividad. No se trata de abandonar la idea de una lista paritaria o coherente, sino de repensar su construcción desde la legitimidad política y social, no solo desde la conveniencia cupular. Así, la lista dejaría de ser un mero registro burocrático para transformarse en una expresión dinámica de liderazgo colectivo y voluntad popular.

  • Conclusión

Los resultados de la consulta deben interpretarse como una alerta política y organizativa. No basta con construir listas inclusivas; es necesario que sean también representativas, estratégicas y legalmente coherentes. La legitimidad no se obtiene por la forma jurídica de la lista, sino por la calidad democrática de su proceso de conformación.

Solo un rediseño político —dentro de los márgenes de la ley, pero con vocación participativa y criterios meritocráticos— permitirá que el Pacto Histórico preserve su carácter plural, refuerce su eficacia electoral y recupere su papel como proyecto ético de transformación social. Como advirtió Sartori (1980), “los partidos son guardianes de la democracia en la medida en que son democráticos en sí mismos”. Esa sigue siendo la verdadera prueba que enfrenta el progresismo colombiano: demostrar que puede ejercer el poder sin renunciar a su promesa moral de renovar la política.

Referencias bibliográficas

  • Duverger, Maurice. Los partidos políticos. México: Fondo de Cultura Económica, 1957.
  • Sartori, Giovanni. Partidos y sistemas de partidos. Madrid: Alianza Editorial, 1980.
  • Panebianco, Angelo. Modelos de partido: organización y poder en los partidos políticos. Madrid: Alianza Editorial, 1990.
  • Freidenberg, Flavia. Mujeres, política y poder en América Latina. Ciudad de México: UNAM, Instituto de Investigaciones Jurídicas, 2021.
  • Ríos Tobar, Marcela. Democracia paritaria en América Latina: avances y desafíos. Santiago de Chile: CEPAL, 2018.
  • Wills-Otero, Catalina. Efectos del voto preferente en Colombia. Bogotá: Fundación Konrad Adenauer y MOE, 2019.
  • Restrepo, Juan David. “Listas abiertas, gasto de campaña y competencia intrapartidista.” Revista de Ciencia Política y Gobierno, vol. 10, n.º 2, Bogotá: Universidad del Rosario, 2020.
  • Bourdieu, Pierre. El sentido práctico. Madrid: Taurus, 1991.
  • PRÓXIMO ARTÍCULO: Análisis Consulta Cámara Quindío

(*) Magister en Ciencias Políticas

  • Asesor en direccionamiento estratégico de campañas
  • Investigador en historia política y comportamiento electoral

E-mail: gerencia@bambucomunicaciones.com

gustavo.hernandez@bambucomunicaciones.com

 

 

 

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