Por: José Gustavo Hernández Castaño (*)
Doctor Iván Cepeda:
Le escribo estas líneas como un ciudadano preocupado por el presente y el futuro de Colombia.
Pero también como uno entre millones de colombianos que observan con inquietud el momento histórico que estamos viviendo.
Me preocupa el país. Me preocupa la democracia. Me preocupa la convivencia.
Y me preocupa, sobre todo, la manera como la polarización ha ido ocupando cada vez más espacio en nuestra vida nacional hasta convertirse en una fuerza que divide familias, enfrenta amigos, fractura comunidades y termina frenando la capacidad de la nación para avanzar unida hacia sus grandes propósitos.
Hoy no estamos frente a una simple diferencia de opiniones.
Las diferencias siempre han existido y seguirán existiendo. Son naturales en una democracia.
Lo que resulta preocupante es que la polarización ha comenzado a ocupar espacios que nunca debió ocupar.
Ha entrado a los hogares. Ha dividido mesas familiares. Ha deteriorado amistades construidas durante años. Ha contaminado conversaciones que antes estaban marcadas por el afecto y el respeto. Ha penetrado iglesias, universidades, lugares de trabajo, organizaciones sociales e incluso escenarios deportivos.
Poco a poco hemos comenzado a mirar al otro no como un ciudadano que piensa diferente, sino como alguien a quien debemos derrotar, desacreditar o excluir.
Y cuando una sociedad comienza a recorrer ese camino, corre el riesgo de olvidar las lecciones más dolorosas de su propia historia.
Colombia conoce demasiado bien las consecuencias de la intolerancia:
Las guerras civiles del siglo XIX. La Violencia que siguió al asesinato de Jorge Eliécer Gaitán. Los años de confrontación armada. Los magnicidios. Las masacres. Los secuestros. Los desplazamientos. El narcotráfico. El paramilitarismo. Los falsos positivos. El exterminio de la Unión Patriótica.
Cada uno de estos episodios tiene características distintas, pero todos comparten una misma enseñanza.
Antes de la violencia aparecieron las palabras que dividían. Antes de las persecuciones aparecieron los discursos que estigmatizaban. Antes de las tragedias aparecieron las narrativas que transformaban al adversario en enemigo.
La violencia nunca surge de la nada. Comienza cuando dejamos de escuchar. Cuando dejamos de dialogar. Cuando dejamos de reconocer la humanidad de quienes piensan distinto.
Por eso creo que esta segunda vuelta presidencial no puede ser simplemente la continuación de la primera.
Debe ser algo diferente.
Debe representar un cambio de tono. Un cambio de lenguaje. Un cambio de actitud.
Y, sobre todo, un cambio de perspectiva.
Si la campaña continúa desarrollándose dentro de las coordenadas tradicionales de izquierda contra derecha, de amigos contra enemigos, de vencedores contra vencidos, me temo que el resultado ya parece escrito en la mente de muchos ciudadanos.
Pero si se construye una nueva narrativa nacional, una narrativa capaz de convocar en lugar de dividir, entonces puede abrirse una posibilidad distinta para Colombia.
Porque los colombianos no están buscando únicamente un candidato. Están buscando un rumbo.
No están buscando únicamente un programa de gobierno. Están buscando confianza.
No están buscando únicamente un líder político. Están buscando tranquilidad, estabilidad, seguridad, esperanza, y futuro.
Por eso considero que el gran desafío de esta etapa consiste en lograr que los ciudadanos sientan que están participando en algo más grande que una elección presidencial, algo más grande que una campaña, algo más grande que una disputa entre sectores políticos.
Que comprendan que, por encima de los intereses de cualquier candidato, de cualquier partido, de cualquier grupo económico, social o ideológico, existen intereses superiores que nos pertenecen a todos:
La defensa de la República, la defensa de la democracia, la defensa de las instituciones, la defensa de la soberanía nacional, la defensa de la convivencia, la defensa del futuro común.
Por eso creo que Colombia necesita escuchar una voz distinta.
No solamente la voz de un candidato. No solamente la voz de una coalición. No solamente la voz de una corriente política.
Necesita escuchar la voz de un hombre que comienza a hablar como posible jefe de Estado.
Porque existe una diferencia profunda entre un candidato y un estadista:
Un candidato busca convencer. Un presidente busca unir.
Un candidato compite. Un estadista interpreta el momento histórico.
Un candidato habla de su campaña. Un estadista habla del destino de la nación.
Y Colombia necesita hoy una voz que inspire serenidad en medio de la incertidumbre. Firmeza en medio de la confrontación. Confianza en medio de la desconfianza. Esperanza en medio del cansancio.
Por eso considero fundamental que esta nueva etapa comience con un gesto de gratitud y humildad democrática.
No solamente hacia quienes votaron por usted. También hacia quienes tomaron una decisión distinta.
Porque la democracia se fortalece cuando reconocemos que todas las voces cuentan, que todas las esperanzas son legítimas, y que todos los ciudadanos merecen respeto.
La primera vuelta terminó. Los colombianos ya tomaron una decisión.
Ahora comienza algo diferente.
Comienza la construcción de una propuesta para gobernar a todos los colombianos, incluso a quienes piensan distinto.
Y para lograrlo, creo que existen cinco grandes pilares capaces de convocar a sectores mucho más amplios de la sociedad:
- La unidad y la reconciliación nacional.
- La seguridad y la autoridad democrática.
- La lucha frontal contra la corrupción.
- La defensa de la soberanía nacional.
- Y la construcción de una economía capaz de generar empleo, oportunidades y bienestar.
La corrupción merece un lugar central en ese mensaje.
Porque la corrupción no es de derecha ni de izquierda. No distingue ideologías, partidos, credos ni regiones. Durante décadas ha penetrado silenciosamente las instituciones y ha terminado convirtiéndose en uno de los mayores obstáculos para el desarrollo nacional. Se ha convertido en un cáncer que invade la administración pública, deteriora la confianza ciudadana y le roba oportunidades a millones de colombianos.
Por eso el país necesita escuchar una posición firme, clara e inequívoca. Sin privilegios. Sin excepciones. Sin amigos protegidos.
Porque los recursos públicos pertenecen a los ciudadanos y no a quienes temporalmente administran el poder.
La soberanía nacional constituye otro de esos grandes temas que pueden unir a los colombianos.
Colombia debe dialogar con el mundo. Cooperar con el mundo. Integrarse al mundo. Pero nunca subordinarse.
Por eso una frase sencilla podría resumir un sentimiento profundamente arraigado en millones de ciudadanos:
“Colombia será amiga de todas las naciones, pero subordinada a ninguna.”
Esa no es una afirmación de izquierda ni de derecha. Es una afirmación de dignidad nacional.
Finalmente, creo que existe un amplio sector de ciudadanos que necesita escuchar palabras que transmitan tranquilidad, institucionalidad, respeto, moderación, democracia, libertades, diálogo, acuerdos, Constitución.
Muchos colombianos desean saber que el próximo presidente gobernará para todos y no solamente para quienes piensan igual. Que comprenderá que gobernar no consiste en imponer una visión sobre otra.
Gobernar consiste en encontrar puntos de encuentro que permitan avanzar a una nación diversa.
Doctor Iván Cepeda:
La historia nos ha colocado frente a una decisión que va mucho más allá de una elección presidencial.
Estamos llamados a decidir qué clase de nación queremos ser durante las próximas décadas.
Podemos seguir atrapados en la confrontación permanente, en la desconfianza y en las divisiones que tantas veces han frenado nuestro desarrollo.
O podemos abrir una nueva etapa nacional basada en la unidad, la seguridad, la prosperidad, la democracia y la esperanza.
No para pensar igual. No para renunciar a nuestras diferencias. Sino para reconocer que existe algo más importante que aquello que nos separa: Nuestra patria común.
Si tuviera que resumir todo este planteamiento en una sola frase, sería esta:
“Ha terminado la campaña de los sectores.
Ha comenzado la construcción del gobierno de todos.”
Porque las elecciones terminan. Pero Colombia permanece.
Y ha llegado la hora de poner a Colombia por encima de nuestras diferencias.
Con respeto, con esperanza y con la convicción de que el futuro de la nación siempre será más importante que cualquier confrontación pasajera.
Atentamente,
Un ciudadano preocupado por Colombia.
(*) Magister en Ciencias Políticas
- Asesor en direccionamiento estratégico de campañas
- Investigador en historia política y comportamiento electoral





