Por: José Gustavo Hernández Castaño
El poder que no se ve, pero incide
En la teoría política contemporánea, el poder rara vez coincide plenamente con su
expresión visible. Autores como Michel Foucault han insistido en que el poder no es una
cosa que se posee, sino una red que se ejerce; mientras que la tradición de las élites
—desde Gaetano Mosca hasta C. Wright Mills— ha mostrado que las decisiones
relevantes suelen concentrarse en minorías organizadas que operan más allá de la
superficie institucional. Desde este marco, cobra sentido hablar de entramado político y
de poder en la sombra: no como categorías conspirativas, sino como herramientas
analíticas para comprender cómo se articulan actores, recursos e instituciones en el
tiempo.
En el Quindío, entre 2012 y 2026, diversos registros públicos, trayectorias administrativas
y coincidencias en la ocupación de cargos sugieren la existencia de una red relacional que
trasciende los periodos de gobierno. No se trata de afirmar hechos jurídicos, sino de
observar patrones: recorridos que se repiten, nombres que reaparecen, decisiones que
coinciden. En esa reiteración, el poder deja de ser episódico y empieza a mostrar rasgos
de estructura.
El punto de partida: cuando la red comienza a tomar forma
El periodo 2012–2015 aparece, en esta lectura, como una fase de configuración. Durante
la gobernación de Sandra Paola Hurtado, distintos actores coinciden en posiciones dentro
del aparato estatal —gobernación, CRQ, EPQ— y comienzan a construir relaciones de
confianza que luego se proyectan hacia otros niveles. No es la existencia de cada
nombramiento lo que resulta relevante, sino su articulación en el tiempo.
Desde la teoría de élites, este momento puede interpretarse como la formación de un
núcleo organizado con capacidad de incidencia. Lo que en apariencia es administración
pública, en su lectura estructural comienza a mostrar rasgos de coordinación relacional.
La pérdida del poder formal y la persistencia de la incidencia
El verdadero test de cualquier hipótesis sobre el poder no es el acceso a los cargos, sino su
comportamiento cuando esos cargos se pierden. A partir de 2016, tras el cambio en la
gobernación, no se observa una ruptura, sino una reconfiguración: actores previamente
identificados en el nivel departamental aparecen vinculados a entidades descentralizadas
y a municipios estratégicos.
La experiencia de Empresas Públicas del Quindío (EPQ), con cambios en su gobernanza y
en la correlación de decisiones entre alcaldías, sugiere una lógica de adaptación que la
teoría reconoce bien: el poder no desaparece, se desplaza y se reorganiza. En los términos
de Vilfredo Pareto, podría hablarse de circulación de élites; en la lectura contemporánea
de Jenny Pearce y Juan David Velasco, de la operación de principios de dominación que
permiten sostener la incidencia sin necesidad de control formal directo.
Cuando la red se vuelve sistema
A partir de 2019, los patrones se vuelven más consistentes. La evidencia pública permite
observar un conjunto de regularidades: incremento de contratación, especialmente bajo
modalidades como ordenes de prestación de servicios (OPS); recurrencia de actores en
múltiples entidades; coincidencia entre decisiones administrativas y momentos políticos
relevantes; continuidad de trayectorias en cargos clave.
No es necesario afirmar irregularidad para reconocer su significado analítico. Lo que
emerge es la imagen de un sistema relacional que opera de manera sostenida. En
términos de Foucault, el poder funciona aquí como una red: no requiere un centro visible
para producir efectos. En términos de Wright Mills, se configura una élite del poder
territorializada, donde actores políticos, administrativos y relacionales convergen en la
toma de decisiones.
El entramado en nombres y trayectorias
Cuando se desagrega la información, el entramado se vuelve más concreto. En el plano
familiar y relacional, la presencia reiterada de integrantes de la familia Pareja Giraldo
—César Augusto Pareja Giraldo, Duberney Pareja Giraldo, Gloria Patricia Pareja, Andrés
Mauricio Pareja Giraldo, Daniela Zapata Pareja, Fabio Andrés Pareja, entre otros— en
distintas entidades y momentos sugiere una inserción transversal en el aparato estatal.
En el nivel político, la articulación multinivel se expresa en la conexión entre figuras del
Congreso, como John Edgar Pérez Rojas, Atilano Alonso Giraldo, actores de la Asamblea
Departamental y concejos municipales, muchos de ellos vinculados a partidos
tradicionales y a colectividades que, en el debate público, han sido caracterizadas como
espacios de intermediación política.
Las entidades públicas —CRQ, EPQ, EPA, RED SALUD, SETTA— aparecen como nodos
donde confluyen estas trayectorias. No son solo estructuras administrativas: son espacios
de decisión sobre recursos, contratos y nombramientos. La coincidencia de actores en
estos escenarios refuerza la hipótesis de una red que trasciende los cargos individuales.
La puerta giratoria: continuidad más allá de los gobiernos
Uno de los patrones más evidentes es la rotación de actores entre distintas entidades.
Trayectorias como las de José Manuel Ríos Morales —con paso por la Lotería del Quindío,
la CRQ, la EPQ y la alcaldía de Armenia—, o de Lina María Mesa Moncada, quien ha
transitado por gobernación, EPQ, EPA y asesora actual de la administración municipal,
ilustran una dinámica de movilidad constante. A ello se suman recorridos como los de
Jhony Alberto Rodríguez, Sandra Milena Manrique Solarte, Daniel Felipe Castaño, Jeison
Andrés Pérez Lotero, Mary Luz Ospina y Erika Falla, entre otros, que evidencian una
circulación entre entidades clave.
No es un fenómeno ilegal en sí mismo. Pero sí es analíticamente relevante: configura una
continuidad del poder administrativo que trasciende los cambios de gobierno. Es, en
términos de la teoría de élites, una forma de reproducción.
La contratación: el lenguaje material del poder
Si hay un punto donde el poder se vuelve observable, es en la contratación. Los datos
muestran un aumento significativo de contratos, su concentración en determinadas
modalidades y convenios interadministrativos, convertidos en contrataderos a dedo, tal es
el caso de MASORA y su distribución en múltiples dependencias. Desde una lectura
estrictamente administrativa, esto puede interpretarse como gestión pública. Pero, en su
dimensión relacional, permite formular otra hipótesis: la contratación como mecanismo
de articulación de redes.
Cada contrato establece un vínculo; la suma de vínculos configura una red. Y esa red, en
determinados contextos, puede incidir en la configuración de apoyos políticos y
administrativos. No se trata de una acusación, sino de una inferencia basada en patrones
observables.
El articulador: la hipótesis del “director de la orquesta”
Toda red compleja tiende a tener puntos de articulación. No necesariamente visibles, no
necesariamente institucionalizados. En el caso del Quindío, en distintos espacios del
debate público y en análisis políticos regionales, se ha hecho referencia a un actor
identificado con el apelativo de “Toto”, quien aparece mencionado como financiador,
como articulador de estas redes, dada su cercanía con diversos actores, su presencia en
distintos momentos del proceso político y la coincidencia de trayectorias a su alrededor.
Desde el punto de vista analítico, esto no implica afirmar control absoluto ni atribuir
responsabilidades jurídicas. Pero sí permite plantear una hipótesis consistente con la
teoría: la existencia de un nodo central de coordinación dentro de la red. En términos de
Foucault, un punto de condensación de relaciones; en términos de Mills, un actor con
capacidad de incidencia dentro de la élite.
La pregunta que queda
El debate, en última instancia, no es sobre nombres individuales, sino sobre estructuras.
La pregunta no es quién ocupa el cargo, sino quién tiene la capacidad de incidir de manera
sostenida en las decisiones del territorio.
El Quindío, en este periodo, sugiere la coexistencia de dos planos: el visible, donde se
desarrollan elecciones y se ocupan cargos, y el relacional, donde se articulan redes, se
reproducen trayectorias y se configuran condiciones de decisión. El primero es necesario;
el segundo, determinante.
Comprender para transformar
Reconocer estas dinámicas no implica negar la democracia, sino comprenderla en toda su
complejidad. Porque el voto sigue siendo el instrumento central, pero no agota el
funcionamiento del poder. Y solo entendiendo cómo opera —en su dimensión visible y en
su dimensión en la sombra— es posible abrir la discusión sobre su transformación.
Nota: Este texto se fundamenta en el análisis de información pública, trayectorias
administrativas y patrones observables, así como en enfoques teóricos de la ciencia
política. Las referencias a personas se realizan en el marco del debate público y no
implican la atribución de responsabilidades jurídicas individuales, cuya determinación
corresponde exclusivamente a las autoridades y órganos de control, competentes.
Fuente:
1. SIGEP (Sistema de Información y Gestión del Empleo Público):
https://www1.funcionpublica.gov.co/web/sigep2
2. SIA OBSERVA:
https://siaobserva.auditoria.gov.co/guess/informe_cont_ciudadania1.aspx
(*) Magister en Ciencias Políticas
Asesor en direccionamiento estratégico de campañas
Investigador en historia política y comportamiento electoral.





