Por: José Gustavo Hernández Castaño (*)
A dos meses y medio de iniciarse el proceso de inscripción de candidatos para Congreso (noviembre 8 de 2025) y 6 meses y medio de las elecciones (marzo 8 de 2026), en el Quindío, la política se repite como un libreto ya conocido: los ciudadanos votan con la esperanza de cambio, pero al final gobiernan los mismos de siempre. Financiadores ocultos, contratistas insaciables y políticos reciclados se reparten el poder como un botín familiar, mientras la corrupción y el clientelismo se consolidan como la regla del juego.
La memoria reciente lo confirma: los escándalos que involucraron a la exalcaldesa Luz Piedad Valencia y a la exgobernadora Sandra Paola Hurtado revelaron cómo las campañas se financiaron con favores y contratos, instaurando gobiernos en la sombra. Los ciudadanos volvieron a votar y eligieron formalmente, gobernantes charlatanes, dicharacheros, en 2.015 y 2.019, pero otros gobernaron desde la trastienda y lo siguen haciendo en 2.025.
La herencia maldita de la fragmentación
El terreno para el cambio en 2026 parece servido: hartazgo ciudadano, corrupción inocultable y rechazo a las élites tradicionales. Sin embargo, esas condiciones se esfuman cuando las fuerzas alternativas insisten en presentarse dispersas. La historia del Quindío demuestra que mientras los alternativos se dividen en cinco o seis listas, las maquinarias llegan cohesionadas y terminan ganando con minorías.
Así ocurrió en 2011, cuando la oposición fragmentada permitió la consolidación de los clanes políticos; volvió a pasar en 2015, 2019 y 2023 cuando, incluso con candidatos aparentemente inocuos, quienes gobernaron fueron los mismos grupos de poder. Si en 2026 cada proyecto personal se impone sobre la causa colectiva, el guion será idéntico: victoria fácil para las maquinarias, sin necesidad de fraude.
Evolución de los partidos alternativos: voces que se suman, pero no se unen
Los datos electorales muestran que la alternatividad ha tenido presencia constante, pero fragmentada tanto para Cámara, Asamblea, y Concejos. Para Asamblea, los datos son ilustrativos:
En 2015, se presentaron en listas separadas la Alianza verde y el Polo Democrático, obteniendo respectivamente 5.152 votos y 3.755 votos y ninguna curul en la Asamblea Departamental
En 2019 deciden unirse y conformar una sola lista de coalición denominada Quindío Diferente y duplican su votación: 17.560 votos y una curul en la Asamblea.
En 2023 teniendo votos suficientes para obtener 2 curules, vuelve la dispersión y casi pierden la representación en la Asamblea, pues, se presentaron en 6 listas diferentes: Pacto Histórico (12.819 votos), Fuerza Ciudadana (3.110 votos), Esperanza Democrática (1.921 votos) y ADA (984 votos), MAIS + Verde Oxígeno (10.610 votos)
| PARTIDOS ALTERNATIVOS | 2.015 | 2.019 | 2.023 |
| VOTOS | VOTOS | VOTOS | |
| POLO DEMOCRATICO | 3.755 | ||
| ALIANZA VERDE | 5.152 | ||
| QUINDIO DIFERENTE | 17.560 | ||
| PACTO HISTORICO | 12.819 | ||
| FUERZA CIUDADANA | 3.110 | ||
| E. DEMOCRATICA | 1.921 | ||
| ADA | 984 | ||
| MAIS +VERDE OX. | 10.610 |
Las cifras son contundentes: hay un caudal alternativo que crece, pero disperso en múltiples fuerzas que, al no confluir, terminan siendo irrelevantes frente a la maquinaria clientelista.
Para Cámara de Representantes los resultados electorales son bastante significativos. En 2014 se presentaron listas separadas del Polo Democrático (3.462 votos) y la Alianza Verde (2.947 votos). en 2018 deciden irse unidos en coalición y duplican la votación (10.933 votos). En 2022 continua su ascenso y, teniendo los votos suficientes para sacar una curul y disputar una segunda, se fueron fragmentados obteniendo el Pacto 28.245 votos y la Alianza Verde 10.831 votos.
| PARTIDOS ALTERNATIVOS | 2.014 | 2.018 | 2.022 |
| VOTOS | VOTOS | VOTOS | |
| POLO DEMOCRATICO ALTERNATIVO | 3.462 | ||
| PARTIDO ALIANZA VERDE | 2.947 | ||
| COALICION COLOMBIA (POLO + ALTERNATIVOS) | 10.933 | ||
| PACTO HISTORICO | 28.245 | ||
| ALIANZA VERDE | 10.831 |
La fuerza de la abstención, el voto en blanco y los no marcados
Más revelador aún es el peso de la franja de los ciudadanos inconformes. Entre 2015 y 2023, los votos en blanco, nulos y no marcados sumaron entre el 25% y el 42% del total de sufragios:
En 2015: 31.373 blancos (11,44%), 14.279 nulos (5,21%), 24.185 no marcados (8,82%).
En 2019: los votos en blanco se dispararon a 61.237 (24,14%), acompañados de 14.608 nulos (5,76%) y 29.966 no marcados (11,81%).
En 2023: 43.644 en blanco (16,15%), 13.211 nulos (4,89%) y 28.746 no marcados (10,64%).
| 2.015 | 2.019 | 2.023 | ||||
| VOTOS | % | VOTOS | % | VOTOS | % | |
| EN BLANCO | 31.373 | 11,44 | 61.237 | 24,14 | 43.644 | 16,15 |
| VOTOS NULOS | 14.279 | 5,21 | 14.608 | 5,76 | 13.211 | 4,89 |
| NO MARCADOS | 24.185 | 8,82 | 29.966 | 11,81 | 28.746 | 10,64 |
La desafección y hartazgo como expresión política
Estos resultados no son simples “errores” o indiferencia electoral; constituyen una expresión clara de desafección política e inconformidad. El voto en blanco, en particular, se interpreta como un mecanismo de protesta consciente, una manera de decir: “no nos representan las opciones en disputa”. Es un voto político, que refleja hartazgo con las élites y descreimiento frente a la capacidad de los candidatos para encarnar el cambio. Las tarjetas no marcadas, aunque más ambiguas, también son un termómetro de la apatía y el descontento.
Un voto nulo puede expresar falta de información, rechazo tácito a los candidatos o una decisión deliberada de anular el acto electoral. En cualquier caso, es una señal de distancia emocional y política entre los ciudadanos y el sistema, un reflejo de la desconexión entre la ciudadanía y las instituciones que deberían representarla.
En la teoría política, tanto el voto en blanco como el no marcado son síntomas de crisis de legitimidad: el sistema mantiene la fachada electoral, pero grandes sectores no se sienten vinculados al juego político. En el Quindío, esta tendencia se ha profundizado a medida que se acumulan los escándalos de corrupción y se perpetúan los clanes familiares.
El efecto político de la unidad: cuando la alternativa se vuelve opción real
La experiencia electoral enseña que la unidad tiene un efecto multiplicador en política. No se trata solo de sumar votos, sino de transformar la percepción ciudadana. Cuando los movimientos alternativos se presentan divididos, la mayoría de los electores percibe que ninguna candidatura tiene posibilidad real de triunfo. Ese clima de derrota anticipada genera apatía, fortalece la abstención y empuja a muchos ciudadanos a resignarse a que “gobiernen los mismos”.
En cambio, cuando se consolida un Frente Amplio con partidos, movimientos sociales e independientes, ocurre un fenómeno distinto: la ciudadanía percibe que sí hay una opción de poder. Esa percepción cambia el cálculo del votante. Quienes antes se inclinaban por el abstencionismo o el voto en blanco comienzan a ver la unidad como una vía concreta de transformación.
El impacto mediático: instalar la idea de cambio
A este efecto político se suma otro no menos importante: el impacto mediático de la unidad. En un escenario dominado por las maquinarias, la cobertura de los medios suele reforzar la idea de que los alternativos están divididos, que no representan una amenaza seria y que carecen de viabilidad.
Un Frente Amplio rompe ese libreto. Una candidatura unitaria genera titulares, activa la conversación en redes sociales y amplifica el mensaje de que existe una alternativa cohesionada. En otras palabras, logra instalar en la agenda pública la percepción de cambio posible.
Conclusión: Frente Amplio o repetición del guion
El Quindío tiene todas las condiciones objetivas para un cambio político en 2026: indignación ciudadana, corrupción inocultable, clientelismo desgastado. Pero esas condiciones solo se convertirán en victoria si la alternatividad entiende que dividirse es trabajar gratis para las maquinarias.
El Frente Amplio no es un lujo retórico: es la herramienta concreta para articular partidos grandes y pequeños, sumar movimientos sociales, movilizar abstencionistas y transformar votos de inconformidad en poder efectivo. Su sola existencia tendría un efecto arrastre sobre el electorado y un impacto mediático capaz de instalar en la opinión pública la idea de que la historia puede cambiar.
Las elecciones de 2026 exigen una nueva estrategia: más inclusiva, más heterodoxa, y sobre todo, adaptada a la realidad política y social cambiante. El desafío no solo es a nivel nacional, sino también en el contexto regional, donde el juego político adquiere su propia dinámica.
En un contexto regional, como el del Quindío, los resultados van a depender en gran medida del número de las listas inscritas, y de la calidad y la imagen de los candidatos, como factor de movilización de aquellos votantes clave que no se ven representados por votos clientelistas o de maquinaria.
Una lista de coalición en Frente Amplio, que sea percibida como alternativa, a los mismos con las mismas, puede convertirse en garantía de triunfo.
(*) Magister en Ciencias Políticas
Asesor en direccionamiento estratégico de campañas
E-mail: gerencia@bambucomunicaciones.com
gustavo.hernandez@bambucomunicaciones.com





