domingo, octubre 4, 2026

Opinión de Colombia y el Mundo

Editorial 147: La voz silenciosa de los Quindianos: abstención, blancos, nulos, no marcados

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Por: José Gustavo Hernández Castaño (*)

En cada elección, las urnas no solo recogen votos: recogen también emociones, silencios, frustraciones y gritos contenidos. En el Quindío, entre 2014 y 2023, las cifras de participación, abstención, votos en blanco, nulos y no marcados se han convertido en un espejo de nuestra democracia: un espejo agrietado que refleja tanto la desconfianza en la política como la urgencia de alternativas.

En 2015, la participación en la Gobernación alcanzó el 61,1% (276.092 votos), mientras la abstención fue de 38,8% (175.297 ciudadanos). Sin embargo, en 2019 la participación cayó al 53,5% (254.891 votos) y la abstención subió al 46,4% (221.304). En 2023, aunque hubo una leve recuperación al 54,4% (272.084 votantes), casi 228 mil quindianos prefirieron no ir a las urnas. Anthony Downs (1973) lo habría explicado como un cálculo racional: cuando los ciudadanos perciben que los costos de votar superan los beneficios, se abstienen. Pero en el Quindío este retraimiento no es solo un cálculo frío: es también, como lo plantea Pippa Norris (2002), una protesta silenciosa contra élites políticas, expresadas en maquinarias cuestionadas.

El caso de los votos en blanco es aún más contundente. En la elección a la Asamblea de 2015 hubo 31.373 votos en blanco (11,4%), pero en 2019 saltaron a 61.237 (24,1%), casi uno de cada cuatro votantes. En la Gobernación, el fenómeno fue similar: de 16.673 votos en blanco (6,0%) en 2015, se pasó a 49.192 (19,3%) en 2019. Aunque en 2023 descendieron (30.602 en Gobernación y 43.644 en Asamblea), permanecen muy por encima de los niveles de 2015, consolidándose como un voto de protesta estructural. En el Concejo de Armenia, los votos en blanco fueron 10.224 en 2015 (6,9%), subieron a 19.489 en 2019 (14,7%) y cerraron en 13.545 en 2023 (9,3%). En la Alcaldía, pasaron de 13.438 en 2015 a 26.336 en 2019, bajando a 16.200 en 2023. El mensaje es claro: miles de ciudadanos no encontraron en ninguna lista o candidato una opción digna de su confianza.
A este panorama se suman los votos nulos y no marcados. En la Gobernación, los nulos fueron 9.455 en 2015, subieron a 11.761 en 2019 y cerraron en 10.392 en 2023. Los no marcados pasaron de 15.326 en 2015 a 27.436 en 2019, y 17.421 en 2023. En la Asamblea, más de 29 mil tarjetones quedaron sin marcar en 2019 y casi 29 mil en 2023, lo que representa más del 10% del total de votantes. Estos no son simples errores: son síntomas de desafección y confusión. Mariano Torcal y José Ramón Montero (2006) han mostrado que estas expresiones combinan descontento con fallas de pedagogía electoral. En nuestro caso, reflejan también la fragmentación partidista y la confusión de tarjetones saturados de listas.

El caso de la Cámara de Representantes confirma la tendencia. En 2014 participaron 220.105 votantes (50,7%), con una abstención del 49,2% (213.879). En 2018, la participación fue de 231.837 (49,7%), y la abstención del 50,3% (234.575). Para 2022, la participación descendió a 217.616 (44,6%) y la abstención alcanzó el 55,3% (270.185). El voto en blanco pasó de 14.358 en 2014 (6,5%) a 23.044 en 2022 (10,6%). Los nulos fueron altísimos en 2014 (25.478, 11,6%) y 2018 (27.718, 12%), cayendo a 14.199 en 2022 (6,5%). Los no marcados se mantuvieron estables en torno al 3%. En este caso, la abstención y el voto en blanco no solo expresan rechazo a élites locales, sino también distancia con partidos tradicionales y listas poco conocidas.

La paradoja es que, a pesar del desencanto, el clientelismo mantiene un piso artificial de votos. Flavia Freidenberg (2016) advierte que las maquinarias en América Latina movilizan electores a través de favores y presiones, pero no construyen ciudadanía. En el Quindío esto es evidente: en 2019, pese al aumento del abstencionismo, más de 166 mil ciudadanos votaron por candidatos a la Gobernación y 147 mil por partidos en la Asamblea. No fue un voto programático, sino inducido. Miguel García Sánchez y Gary Hoskin (2019) han mostrado cómo esta dinámica produce una ciudadanía crítica pero atrapada: castiga con abstención y voto en blanco, pero no logra transformar esa protesta en opciones viables de poder.

¿Qué está en juego entonces? Nada menos que la legitimidad de nuestras instituciones. Una democracia en la que la mitad de los electores se abstiene y otra parte vota en blanco, anula o no marca, es una democracia que se tambalea. Francisco Gutiérrez Sanín (2007) habló de “ciudadanías inconclusas”: ciudadanos que participan, pero que no encuentran representación real. Fabio López de la Roche (2014) agregaría que esa brecha cultural y política se traduce en un vacío de confianza que, si no se enfrenta, abre la puerta al cinismo y al autoritarismo.

El Quindío necesita algo más que llamados superficiales a “votar más”. Necesita razones para votar. Líderes que inspiren confianza, partidos transparentes y proyectos que representen de verdad a la gente. El voto en blanco, los nulos y los no marcados no son una anécdota: son la radiografía de una democracia en crisis. Pero también son una advertencia y una oportunidad. La ciudadanía ya demostró que puede castigar a sus élites. Ahora el desafío es mayor: convertir ese castigo en alternativa, esa inconformidad en acción colectiva, y esa protesta en un nuevo proyecto político. Porque la democracia no se defiende sola: se defiende en cada voto consciente, en cada rechazo que se transforma en propuesta, en cada ciudadano que decide no rendirse al desencanto.

Referencias bibliográficas

  • Downs, Anthony (1973). Una teoría económica de la democracia. México: Fondo de Cultura Económica.
  • Freidenberg, Flavia (2016). Los sistemas de partidos en América Latina: avances, retos y perspectivas. Madrid: Tecnos.
  • García Sánchez, Miguel; Hoskin, Gary (2019). Cultura política de la democracia en Colombia y las Américas 2018/19. Bogotá: Universidad de los Andes – LAPOP. Miguel
  • Gutiérrez Sanín, Francisco (2007). ¿Lo que el viento se llevó? Los partidos políticos y la democracia en Colombia, 1958–2002. Bogotá: Norma.
  • López de la Roche, Fabio (2014). Las élites políticas en Colombia: continuidad y cambio. Bogotá: Universidad Nacional de Colombia.
  • Norris, Pippa (2002). Fénix democrático: reinventando el activismo político. Cambridge: Cambridge University Press.
  • Torcal, Mariano; Montero, José Ramón (eds.) (2006). La desafección en España: Entre la continuidad y el cambio. Madrid: CIS.

(*) Magister en Ciencias Políticas

Asesor en direccionamiento estratégico de campañas

E-mail: gerencia@bambucomunicaciones.com

gustavo.hernandez@bambucomunicaciones.com

 

 

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