Ciudadanos libres, dirigentes responsables: sembrar futuro en común
Por: José Gustavo Hernández Castaño
Después de un análisis detenido del comportamiento electoral de los quindianos en lo que va de este siglo, tras una mirada crítica a la corrupción y al clientelismo que han caracterizado todos los gobiernos regionales durante los últimos veinte años, y conociendo de manera detallada a los actores políticos —tanto los alternativos como los del establecimiento—, se escribe este artículo con la certeza de que ha llegado el momento de hablar con claridad. No se trata de una reflexión improvisada ni de un juicio superficial, sino de un llamado construido sobre la base de la experiencia, el estudio, el análisis y la convicción de que el Quindío merece un rumbo diferente.
- La responsabilidad de la dirigencia alternativa
La primera palabra corresponde a los líderes y dirigentes de los múltiples partidos y movimientos alternativos. A ellos, que durante años han sostenido el faro ético de la crítica frente a la corrupción, se les recuerda que la historia no perdona la dispersión. El análisis electoral de los últimos procesos muestra con contundencia que el voto alternativo ha crecido, pero a la vez se ha fragmentado, debilitando su capacidad de transformar la correlación de fuerzas. El Umbral y la cifra repartidora son implacables: dividir el voto es condenarse a la invisibilidad.
Por eso, el deber es mayor. No se trata de competir por egos personales ni de sostener pequeñas parcelas de poder, sino de articular un proyecto colectivo, ético y plural. La madurez política exige saber unir, ceder y construir. Tres liderazgos, tres trayectorias, una sola lista: esa es la ruta que permitiría no solo superar el umbral electoral, sino demostrar a la ciudadanía que la alternativa está lista para gobernar con legitimidad. Tres sectores, tres bloques de movimientos distintos, de pensares y actuares diferentes, pueden y deben unirse en una lista de Frente Amplio. Tres candidatos en la misma lista, uno por cada bloque: (1) un candidato del bloque de los partidos del Pacto Histórico; (2) un segundo de los movimientos y partidos del bloque de Unitarios; y (3) un tercero que recoja todas las tendencias de la Alianza Verde. La metodología de la escogencia de los candidatos la definirá, de manera autónoma, cada bloque. Desde ya, lo más pronto posible, debe producirse ese acuerdo.
- El llamado a los ciudadanos libres
El segundo llamado se dirige a los ciudadanos libres, independientes, sin ataduras políticas ni ideológicas. A ellos, que han visto cómo las maquinarias tradicionales reducen la política a contratos, puestos y favores, se les propone un camino distinto. La indignación que se expresó en las urnas durante los últimos años no puede quedarse en un voto de castigo; necesita convertirse en voto de esperanza.
El Quindío requiere que esa ciudadanía crítica no permanezca al margen, sino que asuma un rol activo en la construcción de un Frente Amplio capaz de derrotar a las maquinarias. La fuerza del ciudadano independiente está en su libertad: libertad para exigir, para votar con conciencia, para no dejarse comprar, para construir una democracia que no se arrodille ante los poderes económicos ni ante los caciques de turno.
III. La coyuntura decisiva
El presente siglo ha demostrado que los partidos tradicionales ya no son invencibles. Sus porcentajes de votación se han erosionado elección tras elección; el cansancio de la gente ante la corrupción y el clientelismo es evidente. Sin embargo, también se ha demostrado que la alternatividad por sí sola, si permanece dividida, no logra convertirse en poder real.
El umbral electoral calculado para 2026 oscilará entre 33.000 y 39.000 votos. Quien no supere esa barrera no tendrá representación, por más entusiasmo que despierte. De allí que la unidad no sea una consigna retórica, sino una exigencia legal, política y estratégica. Si los sectores alternativos logran superar juntos los 45.000 o 50.000 votos, no solo alcanzarán una curul, sino que podrán disputar una segunda. La meta no es imposible: es alcanzable, siempre que se actúe con responsabilidad y visión histórica.
- Una ética para gobernar
El Quindío necesita más que un triunfo electoral. Requiere una forma distinta de gobernar. La política de los próximos años debe estar cimentada en la ética, la transparencia y la participación. No se trata de reemplazar un clientelismo por otro, sino de inaugurar una nueva etapa donde la gestión pública se oriente al bien común, a la protección del agua y los territorios, a la creación de empleo digno, a la equidad de género, a la inclusión de los jóvenes y al fortalecimiento de la cultura como motor de ciudadanía.
Gobernar con ética no es una utopía. Es la condición necesaria para devolver la confianza ciudadana, sin la cual ninguna transformación será duradera.
- La hora de decidir
La historia enseña que los momentos de cambio no esperan a los indecisos. El Quindío está frente a una coyuntura decisiva: o se deja arrastrar por la inercia de las maquinarias políticas, o se atreve a construir un futuro distinto.
La dirigencia alternativa debe dar el paso hacia la unidad, y la ciudadanía libre debe asumir el compromiso de respaldar una lista plural, diversa y representativa. El reto no es menor: se trata de romper el cerco del clientelismo, de demostrar que otra política es posible y de sembrar futuro en común.
Conclusión
Este artículo no es una proclama individual, sino una invitación colectiva. Lo que está en juego es la dignidad del Quindío y el derecho de su gente a ser gobernada con ética y justicia. La responsabilidad es compartida: de los dirigentes alternativos que deben unirse, y de los ciudadanos libres que deben atreverse a elegir distinto.
Un Quindío diferente no es solo un sueño: es un proyecto posible, siempre que se construya con unidad, con ética y con la fuerza ciudadana. La decisión está en nuestras manos, y el momento de actuar es ahora.





